Gustavo, gracias totales
Un sábado a la tarde, cuando aún penetraban los vestigios de un
invierno galopante, se despedía de este mundo terrenal una de las grandes
estrellas del rock argentino, sin embargo, su música lo mantiene presente en la memoria de todxs.
“Dije muchas estupideces?”
Así se comenzaba lo que sería la última conversación que el
músico mantuvo a la salida de su show en Caracas con Adrián Taverna y Richard
Coleman, dos grandes amigos quienes además conformaban la banda.
Muy poco se conoce de la personalidad de Cerati, siempre
mantenía cierta reserva y discreción, lo que muchas veces generó una
construcción sobre su figura que distaba mucho de la realidad.
Gustavo era un perfeccionista, alguien que abocó su vida de
lleno a la música, el primero en llegar a los ensayos y el último en irse,
dedicaba innumerables horas de trabajo y práctica. Era un rasgo característico de su personalidad que desmitifica esa figura de genio musical que por
tanto tiempo se mantuvo, Cerati no era, quien decimos, un prodigio de la
música, sino un pibe común y corriente con un perseverancia y voluntad
inquebrantables que lo consagraron al estrellato.
Incluso, otro de los mitos alrededor del músico está ligado
a una concepción un tanto sofisticada que se tenía sobre el, la gente lo veía como alguien educado, caballeroso
y se asumió rápidamente que provenía de alguna familia aristócrata. No creo que
muchxs recuerden, ya que la época de auge de Soda Stereo no es contemporánea a
nosotrxs pero quizás habrán escuchado de la eterna rivalidad que tenían con los
Redonditos que no estaba plasmada realmente entre los músicos sino en la avalancha de seguidores que entre los dos reunían, lxs “ricoterxs” solían
tratar despectivamente a los del otro bando por más “refinadxs”. Era voz populi que los seguidores de Soda, a comparación de los
Redondos, eran más “acomodados” mientras que la otra banda convocaba un público
más “popular”.
Sin embargo, muy lejos de ser real, Gustavo nació en el seno
de una familia laburante de clase media, que comenzó a incursionar con la
guitarra ya que su madre no podía costearle las clases de piano que tanto
quería. A los doce conformó su primer trío con el cual se presentaba en fiestas
particulares y solía participar de los eventos que se organizaban en el colegio
al que asistía. A puro pulmón, desde que era apenas un infante, buscó encontrar un lugar desde el cual poder hacer manifiesto su pasión.
En 1979 comienza su fugaz etapa universitaria en El Salvador
donde conoce a Zeta Bosio con quien empieza a fantasear con la idea de
conformar un grupo con fuertes influencias de aquellas bandas norteamericanas
que estaban copando la escena internacional, The Cure, The Police entre tantas
otras que atraían con su estilo tan excéntrico y disruptivo.
Por otro lado, por los pasillos del gimnasio Carlos
Ficcichia, luego conocido como Charly Alberti, intentaba enganchar a una de las
chicas que asistía a los ver los entrenamientos. Después de muchos intentos
fallidos, toma coraje y decide llamar su casa para invitarla a tomar algo. Ella,
María Laura Cerati, lo rechazó una vez más y, según dicen, le pasó el teléfono
a su hermano mayor para despistar a su pretendiente.
A pesar de cierta
incomodidad, a medida que conversaban encontraban intereses en común lo que
generó una química instantánea. Entre dato y dato, Charly le comentó que tenía
una sala de ensayo, eso fue el puntapié para el comienzo de una nueva amistad.
Acordaron un día para encontrarse, Gustavo se acercó con
Zeta y junto a Charly que tocaba la batería se complementaron desde el primer
instante.
Y esa tarde nacería una de las legendarias bandas del rock
argentino...




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